Silat

¿Qué es el Silat?

El Silat es un arte marcial proveniente de los archipiélagos indonesio, malayo y filipino, sus raíces son milenarias y las primeras noticias que tenemos acerca de su difusión masiva en el sudeste asiático provienen de los cronistas occidentales y datan del siglo VII de nuestra era. Esta disciplina se encuentra profundamente vinculada a la Tradición y Cultura de esta región. A lo largo de su historia, por tratarse de un arte isleño, al igual que el Kali, ha desarrollado una gran cantidad de estilos y una gran riqueza de áreas de entrenamiento. Lejos de ser esto una desventaja, esta pluralidad de sistemas da como resultado variantes especializadas, por ejemplo, en los agarres, en la utilización de los brazos, en el combate en el suelo, en el uso predominante de las piernas, en la lucha con proyecciones, etc. Como característica común a todos estos sistemas encontramos que se hayan enfocados a resolver con eficacia situaciones de combate real. Actualmente, hay en el mundo más de 20 millones de practicantes. En el Silat, lo mismo que en el Kali, encontramos una gran variedad de armas blancas, como bastones, cuchillos, dagas, kerambit, espadas, etc.

El Arte

La estética del Silat es muy particular y dista bastante de las artes chinas y japonesas que son las más difundidas en nuestro medio. Las formas técnicas se encuentran codificadas en Jurus (secuencias de movimientos). En el estilo Kun Mo Chi Tai, los Jurus se caracterizan por su brevedad, lo que permite el estudio inmediato de sus aplicaciones en el combate. También, estas formas breves son encadenadas en secuencias mayores y dan como resultado una serie prolongada de movimientos. En los Jurus y en sus aplicaciones encontramos gran variedad de ataques de puño, de piernas, de agarres, luxaciones, estrangulaciones, ataques a los meridianos o puntos vitales, proyecciones, retenciones, técnicas de suelo, gran variedad de manejo de armas, etc.

El sistema comparte la flexibilidad y la fluidez con el Kali, pero su característica predominante, sin lugar a dudas, es la velocidad y la estabilidad de sus técnicas. Consta de varias posiciones engañosas de las que parece imposible que surja algún ataque efectivo, sin embargo, de tales posiciones se ejecutan con mucha facilidad gran número de golpes, agarres, luxaciones y proyecciones sumamente eficaces. Sus desplazamientos parecen no ser estables y ocultan los ataques y contragolpes. Lo mismo sucede con sus posiciones bajas, que suelen confundir al adversario. Estas posturas poco convencionales, dan como resultados técnicas desarrolladas con gran estabilidad y velocidad, algo que, en la práctica, ninguna otra arte marcial ha logrado sintetizar de manera eficaz. Esta cuestión va mucho más allá de los desplazamientos y lo sorpresivo de sus ataques, consiste en un conocimiento detallado de los puntos de apoyo y del equilibrio. Las técnicas se traducen en un profundo estudio de la biomecánica de nuestro cuerpo en relación con el adversario, de tal manera, que las penetraciones de la guardia, los agarres, los ataques y las proyecciones adquieren una precisión quirúrgica. A tal extremo, que cuando se es derribado, no se logra comprender bien como ocurrió el desequilibrio, ya que no se percibe claramente una fuerza de empuje y da la impresión de que se ha caído por uno mismo. Su estudio desarrolla en el practicante la sensibilidad táctil, la velocidad, la fluidez, la explosividad, y un sentido del equilibro extremadamente sutil.

Por Guillermo Alonso